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miércoles, 19 de enero de 2011

JUANA LA BELTRANEJA

Juana de Trastámara "La Beltraneja"

Mujeres en la Historia

Si existe el destino, la princesa Juana, hija del rey Enrique IV, nació marcada por la desgracia. Si se forja día a día sus amigos y enemigos se encargaron de convertirla en una víctima que la Historia olvidó. ¿Quien era la legítima reina de Castilla? ¿Juana o su tía Isabel la Católica?

Ver video :Mujeres en la historia - Juana la Beltraneja 
Juana de Trastámara, apodada la Beltraneja (Madrid 28 de   febrero de 1462-Lisboa 1530). Infanta  castellana, reina destronada de Castilla y de León, reina consorte de Portugal destituida de su rango, hubo de renunciar por tratado a todos sus títulos y señoríos, incluso a su calidad de infanta castellana y de Alteza, quedando llamada oficialmente, por real decreto portugués, "a Excelente Señora" hasta el final de su larga vida en el exilio de Portugal. Fue la única hija y heredera de  Enrique IV  y de su segunda esposa la reina Juana de Portugal, hija de Eduardo de Portugal. Una parte de la nobleza castellana no la aceptó como hija biológica del rey su padre, a quién acusó de haber obligado a la reina su mujer a tener un hijo con su favorito,  Beltrán de la Cueva , primer duque de Alburquerque, a pesar de que ambos habían jurado solemnemente que no había sido así. Había sospechas sobre la impotencia de Enrique IV  ya que previamente había estado casado con Blanca de Navarra y el matrimonio se anuló porque nunca llegó a consumarse. Además, Enrique IV  no tuvo más hijos ni con su mujer ni con ninguna de sus amantes.





                                                        Enrique IV El Impotente
Infancia
Enrique IV fue apodado en su tiempo por sus adversarios el Impotente, no tanto por no haber tenido descendencia de su primera esposa, Blanca de Navarra  , como por ser de dominio público la dejación que hacía de sus obligaciones conyugales. Por eso, cuando su segunda esposa,   Juana de Portugal, dio a luz una niña, ésta fue atribuida a una supuesta relación adúltera de la reina con uno de los privados del monarca, don Beltrán de la Cueva; de ahí que se motejase a la princesa como la Beltraneja
Pocos meses después de su nacimiento fue jurada en las Cortes de Madrid como  princesa de Asturias y heredera del reino (9 de mayo de 1462).Unos dos años de edad contaría la princesa durante el apogeo de las revueltas nobiliarias contra Enrique IV, que acusaron de  ilegítima a la princesa y tomaron partido por el hermano del rey, el infante Alfonso  . El monarca intentó solventar la sublevación nobiliaria acordando el matrimonio de Alfonso con su hija Juana; así, se avino a proclamarle como príncipe Alfonso, heredero y sucesor del reino en 1464  
El mismo Enrique IV propuso al rey Alfonso V de Portugal, poco antes, el enlace de Juana con el infante Juan, hijo del portugués. Ni uno ni otro proyecto se realizaron, y en cambio el monarca de Castilla desheredó por segunda vez a su hija al reconocer, en el  Tratado de los Toros de Guisando como princesa de Asturias a su hermana Isabel, siempre y cuando ésta casara con el príncipe electo por él. No mucho más tarde 1468 y 1469)  se trató de casar a Isabel con Alfonso V de Portugal ,hermano de la reina de Castilla, y a Juana, renovando el antiguo proyecto, con Juan, hijo primogénito de Alfonso V, con la condición de que Juana sucediera a Isabel si ésta moría sin ningún hijo. Tampoco se realizó estre proyecto.


                              
                                  Beltrán de la Cueva en un retrato idealizado del siglo XIX


Una princesa bajo custodia

Es curioso que siendo hija del rey Enrique IV, la mayor parte de su vida vivió custodiada por la nobleza, que tenía en ella un valioso rehén. Desde 1465 hasta 1470 la custodió el conde de Tendilla, de la familia Mendoza, en los castillos de Buitrago del Lozoya y Trijueque  Desde 1470 a 1474, Juan Pacheco en el castillo de Escalona y en el alcázar de Madrid .Desde 1474 a 1475 Diego López Pacheco, en el alcázar de Madrid  y en los castillos de  esaclona y Trujillo. Lo que queda bien claro en sus diversas biografías es que nunca estuvo custodiada por Diego López Pacheco en su castillo de  Belmonte(Cuenca).


                                                    Pedro González de Mendoza (cardenal)

 Esponsales con el duque de Guyena

Casó luego en secreto Isabel con el infante  Fernando de Aragón  en 1469, rompiendo lo dispuesto en el tratado con su hermano Enrique IV. Éste, que durante toda su vida prodigó a su hija las muestras de afecto paternal, dio respuesta favorable a los embajadores de   Luis XI de Francia , que le pedían la mano de Juana para el duque de Guyena, hermano del francés. Las capitulaciones matrimoniales se firmaron en Medina del Campo en 1470
A petición de  Juan Pacheco y de los embajadores de Francia, revocó Enrique IV el Tratado de los Toros de Guisando, después de jurar, juntamente con su esposa, que la infanta Juana era su hija legítima. Se verificó la ceremonia en Valdelozoya (el 26 de octubre)en una pradera convenientemente dispuesta al objeto, no lejos de Buitrago del Lozoya , y luego que los nobles presentes prestaron a la infanta el acostumbrado juramento de fidelidad como heredera de la corona, acto que no llegó a ser sancionado por las  Cortes, se desposó a la princesa con el conde de Boulogne, representante del duque de Guyena. El cardenal de Albi, uno de los embajadores de Luis XI, fue en aquel día el encargado de tomar juramento a los reyes y verificar los desposorios.



                                                  Genealogia de los Reyes Catolicos
Bando de Juana

Muerto Enrique IV el impotente, casi toda la nobleza apoyó la causa de Isabel, en otras palabras, la alianza de las coronas de Castlla y Aragón; pero algunas familias muy poderosas de Castilla abrazaron el partido de Juana.
Juana había sido reconocida como reina por Diego López Pacheco, marqués de  Villena, de gran influencia en los países meridionales de Castilla la Nueva por sus inmensos estados, que se extendían desde Toledo a Murcia . Lo mismo había hecho el duque de  Arévalo, que disfrutaba notable crédito en Extremadura y en el mismo bando ingresaron el marqués de  Cádiz el gran Maestre de Calatrava, un hermano de éste y el arzobispo de Toledo  Alfonso Carrillo


                                                   Murallas medievales de Ávila
Reina de Castilla y Portugal

Comprendiendo los defensores de Juana que sus fuerzas eran inferiores a las de Isabel, pidieron al portugués Alfonso V que defendiera el derecho de su sobrina, que lo era Juana, y le propusieron que se casara con ésta, con lo que vendría a ser también rey de Castilla.
Aceptó Alfonso, dirigió a Isabel y Fernando una manifestación, exigiéndoles que renunciaran a la corona en favor de Juana si querían evitar las consecuencias de la guerra, y pasando la frontera con 1.600 peones y 5.000 caballos avanzó por Extremadura. Llegó a  Plasencia, donde se le incorporaron el marqués de Villena y el duque de Arévalo, y allí se desposó (25 de mayo de 1475) con Juana, a la vez que dirigía mensajeros a Roma solicitando la dispensa del parentesco que entre ellos mediaba.
En seguida se proclamó a los desposados Reyes de Castilla, y se expidieron cartas a las ciudades, exponiendo el derecho de Juana y reclamando la fidelidad de éstos. Juana, en dichas cartas, expedidas por el secretario Juan González, asegura que Enrique IV en su lecho mortal declaró solemnemente que ella era su única hija y heredera legítima.
Juana trató de evitar la guerra civil, proponiendo que el voto nacional resolviera la cuestión del mejor derecho. He aquí sus palabras, tomadas de la carta o manifiesto que dirigió a las ciudades y villas del reino: “Luego por los tres estados de estos dichos mis reinos, e por personas escogidas dellos de buena fama e conciencia que sean sin sospecha, se vea libre e determine por justicia a quien estos dichos mis reinos pertenecen; porque se excusen todos rigores e rompimientos de guerra”.
Comienzan los enfrentamientos
De nada sirvieron estos buenos deseos. Fernando e Isabel hicieron preparativos para rechazar por la fuerza al portugués. Éste cometió la torpeza de permanecer inactivo en Plasencia y Arévalo, dando a sus contrarios tiempo para reunir 4.000 hombres de armas, 8.000 jinetes y 30.000 peones. Rompieron las hostilidades en varios puntos de la península. Alfonso V, saliendo de Arévalo, se apoderó de  Toro y Zamora. Fernando se presentó delante de Toro con las milicias de  Ávila y Segovia, más bien pronto hubo de emprender la retirada, que fue desordenada y desastrosa. En cambio los plebeyos castellanos, vasallos de Juana, servían con repugnancia bajo las banderas portuguesas, y los nobles que apoyaban a la hija de Enrique IV tuvieron que hacer bastante para defender sus territorios de  Galicia, Villena y Calatrava contra los partidarios de Isabel. Numerosos escuadrones de caballería ligera extremeña y andaluza causaban la más espantosa desolación en las tierras de Portugal fronterizas de Castilla, y los nobles portugueses se quejaban en alta voz de estar encerrados en Toro cuando en su propio país ardía la guerra.
En Toro tenía Juana su corte con gran magnificencia, y, al decir de sus parciales, desplegaba grandes cualidades de reina, aunque solo tuviera entonces trece años. Alfonso V, sin embargo, hubiera renunciado a sus pretensiones a la corona, recibiendo en cambio la provincia de, las ciudades de Zamora y Toro y una considerable suma de dinero; pero Isabel, que consentía en lo último, se negó a ceder un solo palmo de terreno. Fiel a ésta la ciudad de Burgos, fue preciso, no obstante, que Fernando sitiara el castillo de la misma guardado por Iñigo de Zúñiga, partidario de Juana. Del sitio de aquella fortaleza pasó Fernando a Zamora, cuyos habitantes volvieron a la obediencia de Isabel.
                                                      Toros de Guisando

Batalla de Toro 
 
Alfonso V recibió en Toro, cerca de Zamora, ( 14 de febrero de 1476 ) un refuerzo de 2.000 jinetes y 8.000 infantes, dirigidos por su hijo Juan. Se rindió a don Alfonso de Aragón, hermano de Fernando, el castillo de Burgos, no sin que antes tratase de socorrerle Alfonso V, que hubo de retroceder, obligado por Isabel; perdió el rey portugués la batalla de Toro,aunque su hijo, el príncipe Juán, después  Juan II de Portugal, venció con su hoste, quedándose en campo de batalla los tres días obligados del vencedor; pero se entregó a Fernando el castillo de Zamora; hicieron lo mismo Madrid y todas las plazas del centro del reino, el duque de Arévalo, el Gran maestre de Calatrava su hermano, que era conde de Ureña, y otros muchos nobles.


Reinicio de hostilidades
Juana entró en Portugal escoltada por su primo Juan y 400 jinetes. Regresó Alfonso a su reino, y, aunque dejó tropas en Toro, esta ciudad proclamó en seguida a Isabel, ejemplo seguido por el pueblo de  Castruño El castillo de Toro se rindió en 20 de octubre; los caudillos de Isabel ganaron las villas y castillos de los magnates valedores de Juana, y el arzobispo de Toledo, el marqués de Villena y los demás acabaron por implorar el perdón y prestar a Isabel juramento de fidelidad.
Concedió el Papa  la dispensa solicitada por Alfonso V y Juana, y el portugués trató de renovar (  1478) su empresa en Castilla, obrando de acuerdo con el arzobispo de Toledo y el marqués de Villena; mas,  Sixto IV anuló la dispensa antes concedida para el matrimonio de la Beltraneja; el Maestre de Santiago destrozó a un cuerpo de portugueses en la Albuera, e Isabel, situada en Trujillo, expidió órdenes para cercar a un mismo tiempo a Mérida,Medellín, Montánchez y otras fortalezas de Extremadura


Tratado de Alcáçovas. Pregón del tratado en Sevilla, 14 de marzo de 1480. 1ª página

Tratados de Alcaçovas
La guerra duró hasta septiembre de 1479. Intentó el rey portugués neutralizar a los aragoneses en Castilla, abdicando las coronas portuguesas en su hijo y viajando a Francia a buscar la alianza del rey Luís XI, y a Flandres procurando la de su primo carnal Carlos el Temerario, pero ambos eran enemigos al tiempo y luchaban entre ellos, muriendo el duque de Borgoña en 1477 a manos de los suizos. 




                                                       Retrato del rey Alfonso V de Portugal

Fue después de Alfonso V abandonar la hipótesis de esas alianzas que se empezaron a negociar dos convenios de paz entre Isabel I y Fernando V, y Alfonso V y su hijo heredero el  Príncipe Perfecto, ya regente de Portugal, por mediación de Beatriz, infanta de Portugal,  duquesa de Viseu y de Beja, madre del futuro rey de Portugal Manuel I. La Infanta portuguesa era a la vez prima hermana y hermana política de Alfonso V al mismo tiempo que tía materna de la futura reina Católica. Firmados por su intermedio dos convenios en la localidad portuguesa de Alcáçovas, uno estipuló la sucesión dinástica en las coronas de Castilla: las  Tercerias de Moura obligando a los hijos primeros de los Católicos y al hijo único del Príncipe portugués, junto a sus primos los infantes hijos de la Infanta Beatríz, a vivir y educarse junto de esta princesa viuda en su señorio de  Moura, tierra del ducado de Beja que también le pertenecía. Quedó estipulado el matrimonio entre el nieto heredero de Alfonso V y la hija mayor de los Católicos, que iban a crecer juntos. En virtud de dicho tratado, dejó Alfonso V el título y las armas de rey de  Castilla; renunció a la mano de su sobrina Juana; se obligó a no apoyar las pretensiones de ésta al trono de Castilla  , y se dio a Juana un plazo de seis meses para que eligiese entre casarse con el infante Juan, hijo de Fernando e Isabel, luego que el infante llegase a una edad proporcionada, o retirarse a un convento y tomar el velo.
Bien conoció Juana que sus intereses habían sido sacrificados, pues la cláusula de su matrimonio futuro con el infante don Juan era irrisoria, dado que se agregaba que el infante, al llegar a la edad conveniente, podía rechazar aquel enlace si no le agradaba, no quedando a Juana en tal caso otro derecho que el de recibir una indemnización de 100.000 ducados.


                                       " Monasterio de San Juan de los Reyes" (Toledo)

Mandado contruir por Isabel la Católca para conmemorar el nacimiento del príncipe don Juan y la victoria conseguida en Toro en el año 1476,
 Ver más sobre dicho monumento aqui

El segundo convenio luso-castellano, el Tratado de Alcaçovas reflecte la victoria naval lusa en el Atlántico durante la guerra, bajo el comando de  Diogo Cao: establece las fronteras de expansión marítima y la respectiva jurisdicción de ambas coronas vecinas sobre el océano. Los monarcas aragoneses y castellanos reconocen a Portugal la propiedad de Madera y de las Azores, del exclusivo del derecho de conquista sobre Tingitánea, Mauritania, y el reino marroquí de Fez — que Guinea y toda su navegación, y las islas atlánticas más allá de Canarias (Santo Tomé y Príncipe y Cabo Verde) se quedaban portuguesas. La corona de Portugal reconoce a Castilla la propiedad de las Canarias, límite sur establecido a la navegación de aragoneses y castellanos en el Atlántico.

Religiosa en Coímbra

                                             Monasterio de Santa Clara de Coímbra

Herida en su dignidad e intereses, se retiró inmediatamente al monasterio de Santa Clara de Coímbra, donde pronunció sus votos al año siguiente. Fernando e Isabel enviaron a la ciudad portuguesa, para que fuesen testigos de la ceremonia, a Díaz de Madrigal, individuo del Consejo Real de Castilla, y a Hernando de Talavera, confesor de la reina, el cual dirigió a Juana una exhortación, en la que le dijo que había adoptado el mejor partido según los Evangelistas, y terminó su discurso declarando que ningún pariente, ningún amigo verdadero, ningún consejero fiel, querrían apartarla de tan santa determinación.
Los votos irrevocables pronunciados por Juana no impidieron que su mano fuese en 1482  solicitada por Francisco Febo, hijo de Gastón de Foix   y de Magdalena  de Francia, hermana de Luis XI. Febo era el heredero de Navarra. Esta proposición, hecha por las instigaciones del monarca francés, servía a Luis XI para suscitar dificultades a los reyes de Castilla que amenazaban al Rosellón
La muerte de Francisco Febo impidió que las cosas siguieran adelante. Se dice (pero no está probado) que viudo de Isabel I en1504, el Rey Católico propuso a Juana que se casara con él. Así esperaba Fernando resucitar los títulos de esta princesa a la sucesión de Enrique IV y quitar el reino de Castilla a  Felipe de Austria, que gobernaba a nombre de Juana I. La Beltraneja no quiso aceptar como esposo al que en otro tiempo la había declarado hija adulterina de Juana de Portugal y Beltrán de la Cueva.
Sin embargo, la religiosa de Coimbra, como complacían en llamarla los castellanos desde que tomó el velo; la excelente señora, como decían los portugueses, salía con frecuencia del convento. Finalmente los reyes de Portugal le otorgaron morada en el castillo de San Jorge (Lisboa ) y vivía con gran aparato, protegida por los reyes de Portugal, los cuales insinuaron más de una vez que podían dar nueva vida a los derechos de la infortunada princesa. Ésta, hasta el fin de sus días, firmó con las palabras Yo la reina. Poco antes de morirse, en el año 1530, testó sus derechos a la corona de Castilla a favor del rey Juan III de Portugal.
Sus restos mortales se hallan actualmente desaparecidos, (como consecuencia del terremoto de Lisboa por lo que resulta imposible la realización de una muestra de su  ADN para demostrar su ascendencia.


Bibliografía
  • DE AZCONA, Tarsicio. Juana de Castilla, mal llamada la Beltraneja, Madrid 2007.
  • MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. Historia de España. Tomos XV y XVII * y **.
  • SITGES, J.B. Enrique IV y la Excelente Señora, Madrid 1912.
  • ALMUDENA DE ARTEAGA.Juana la beltraneja.El pecado oculto de Isabel la católica.Edit. La Esfera de los libros 2001


Este episodio desarrolla la pugna de Isabel la Católica y de Juana la Beltraneja por el trono de Castilla. Un choque trascendental, con extraordinaria influencia sobre Castilla y sobre España. Isabel no tenía opciones al trono. Tercera en la línea sucesoria de Juan II, tenía por delante a sus hermanos, el rey Enrique IV, y el infante Alfonso. Cuando Enrique tuvo una hija, Juana, ésta se convirtió en la heredera del trono. Fue necesario que intervinieran los intereses nobiliarios para que Alfonso e Isabel se convirtieran en aspirantes a la corona y la muerte de aquél para que la infanta llegara a la primera línea. Y siguieron siendo los intereses nobiliarios y las políticas matrimoniales de la época los que sentaron a Isabel en el trono, convirtiéndola en la gran reina de la unificación, del final de la Reconquista, de la empresa americana, de la expansión por Europa

FUENTES:
wikipedia 
rtve.es 













martes, 28 de diciembre de 2010

Isabel la Católica, nacida para reinar

                                           Isabel la Católica (Retrato de Juan de Flandes)

 

Mujeres en la historia - Isabel la Católica

Isabel la católica, una de las soberanas mas sobresalientes de la historia de España, que junto a su hija Juana i marcan el transito de la edad media a la edad moderna en la península ibérica.

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100803/mujeres-historia---isabel-catolica/843676.shtml 

Podcats audio :Mujeres en la Historia: Isabel la Católica 

http://www.ivoox.com/mujeres-historia-isabel-catolica-audios-mp3_rf_87190_1.html 

Biografía
(Madrigal de las Altas Torres, España, 1451 - Medina del Campo, id., 1504) Reina de Castilla y León (1474-1504) y de la Corona de Aragón (1479-1504). Hija de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, Isabel la Católica tenía sólo tres años cuando su hermano Enrique IV ciñó la corona castellana (1454).
En 1468, el monarca, hombre de carácter débil e indeciso, reconoció a la princesa Isabel como heredera al trono en el pacto de los Toros de Guisando, con lo cual privó de sus derechos sucesorios a su propia hija, la princesa Juana, llamada la Beltraneja, a quien la maledicencia suponía hija de Enrique Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque
Con el objetivo de consolidar su posición política, los consejeros de Isabel la Católica acordaron su boda con el príncipe Fernando, primogénito de Juan II de Aragón, enlace que se celebró en secreto, en Valladolid, el 19 de octubre de 1469. Al año siguiente, molesto por este matrimonio, Enrique IV decidió desheredar a Isabel y rehabilitar en su condición de heredera a Juana, que fue desposada con Alfonso V de Portugal.
La consecuencia fue que, a la muerte del rey, en 1474, un sector de la nobleza proclamó a Isabel soberana de Castilla, mientras que otra facción nobiliaria reconocía a Juana (1475), lo cual significó el inicio de una sangrienta guerra civil.
A pesar de la ayuda del monarca portugués a la Beltraneja, el conflicto sucesorio se decantó a favor de Isabel en 1476, a raíz de la grave derrota infligida a los partidarios de aquélla por el príncipe Fernando de Aragón en la batalla de Toro.
Los combates, sin embargo, se sucedieron en la frontera castellanoportuguesa hasta 1479, en que el tratado de Alcaçobas supuso el definitivo reconocimiento de Isabel como reina de Castilla por parte de Portugal, además de delimitar el área de expansión castellana en la costa atlántica de África. Aquel mismo año, por otra parte, el óbito de Juan II posibilitó el acceso de Fernando II al trono de la Confederación catalanoaragonesa, y la consiguiente unión dinástica de Castilla y la Corona de Aragón.


                 El testamento de Isabel la Católica 1864 (Eduardo Rosales ) Museo del Prado

Las líneas maestras de la política conjunta que desarrollaron Isabel I y Fernando II fueron el afianzamiento y la expansión del poder real, el estímulo de la economía, la conclusión de la reconquista total a los musulmanes del territorio peninsular y el fortalecimiento de la fe católica.    
En el aspecto económico, Isabel la Católica saneó la hacienda pública merced a un estricto sistema fiscal e incentivó el desarrollo de la ganadería ovina y del comercio lanero.
Además, supo canalizar la tradición militar y expansiva de Castilla hacia la conquista del reino nazarí de Granada, último bastión islámico en la Península (1492), y la guerra contra los musulmanes norteafricanos, a los que arrebató Melilla (1497). Con todo, el mayor logro de la política exterior isabelina fue, sin duda, la financiación de la expedición que culminaría con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón (1492). 





En materia religiosa, por último, Isabel la Católica llevó a cabo una profunda reforma eclesiástica con la ayuda del cardenal Cisneros, creó el tribunal de la Inquisión para velar por la ortodoxia católica (1478) y culminó el proceso de unificación religiosa con la expulsión de los judíos (1492) y los mudéjares (1502). A su muerte, acaecida el 26 de noviembre de 1504, el trono castellano pasó a su hija Juana, llamada la Loca, madre del futuro monarca Carlos I de España.

Para consolidar y prestigiar la monarquía, la reina implantó la Santa Hermandad, institución encargada de garantizar la estabilidad del orden público y la administración de justicia (1476), abolió las prerrogativas otorgadas a la nobleza por Enrique IV (1480) y convirtió el Consejo Real en el principal órgano de gobierno del reino, en detrimento de las Cortes. 



En la Capilla Real de la Catedral de Granada están los sepulcros de los Reyes Católicos, y de su hija la Reina Juana I y su esposo Felipe I "El Hermoso". Los monumentos funerarios están vacíos ya que los ataúdes con los cuerpos de los Reyes se encuentran justo debajo en la Cripta.

Tras el fallecimiento de la Reina el 26 de noviembre de 1504, se procedió a trasladar inmediatamente su cadáver desde Medina del Campo (Valladolid) a Granada, siendo depositado provisionalmente, tal como estaba previsto en su testamento, en el Convento de San Francisco de la Alhambra.
Cuando el 23 de enero de 1516 fallece el Rey Fernando en Madrigalejo (Cáceres), aún no estaba concluida la Capilla Real y sus restos fueron también llevados al convento franciscano.





Tumbas de Los Reyes Católicos y de Juana I y su esposo Felipe I :
El traslado de los cuerpos de los monarcas a la cripta de la Capilla Real se llevó a cabo con toda solemnidad el 10 de noviembre de 1521 a instancias del emperador Carlos I.


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 Ataúdes con los cuerpos de Isabel "La Católica" y su esposo Fernando II de Aragón (los dos centrales). De Juana I (a la derecha de la imagen) y su esposo Felipe I "El Hermoso" (a la izquierda de la imagen). Y del pequeño príncipe Miguel de Portugal, nieto de los RRCC (a la derecha en primer término). 

Testamento y sucesión

 El testamento original de la reina se conserva en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. Una copia se envió al monasterio de Santa Isabel de la Alhambra de Granada. Y otra, a la catedral de Toledo, aunque desde 1575 pasó al Archivo General de Simancas.
En él, dejó dicho que sus sucesores debían esforzarse en conquistar para el cristianismo el Norte de África siguiendo la reconquista peninsular, pero el descubrimiento de América hizo que los esfuerzos de los reinos castellanos se alejasen de ese objetivo.

                                                  Testamento de  Isabel la Católica





 Su empeño como defensora de la igualdad de sus súbditos americanos con los del Viejo Mundo le han ganado el título de Precursora de los Derechos Humanos por importantes historiadores (ello a pesar de haber decretado en Castilla la conversión obligada de los judíos, so pena de expulsión, Decreto de Granada, y más tarde, empujada por su marido y por el papado, a romper las Capitulaciones de Granada, pactadas con Boabdil, y obligar a la conversión a los musulmanes).
A su muerte le sucedió la hija de ambos, Juana, pero por poco tiempo, ya que fue declarada incapaz de reinar por "locura" y pasando el reino, primero al marido de ésta (Felipe I el Hermoso) y muy pronto al hijo de este matrimonio, y nieto de los Reyes Católicos, Carlos I.

Descendencia

El matrimonio tuvo 6 hijos:

 Un libro:

Manuel Fernández Álvarez "Isabel la Católica"

(2006), Espasa-Calpe.Madrid,. ISBN: 9788467021134
http://www.hislibris.com/isabel-la-catolica-manuel-fernandez-alvarez/

 Fuentes:

lunes, 22 de noviembre de 2010

Clara Campoamor


                                                            Clara Campoamor



Mujeres en la Historia


Clara Campoamor Rodriguez (Madrid 12 de febrero 1888 - Lausana  30 de abril 1972 ), política republicana y liberal, española, defensora de los derechos de la mujer y principal impulsora del sufragio universal   en España, logrado en 1931


http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100727/mujeres-historia/838738.shtml 

       Clara Campoamor de 1932, con mujeres de la UR Femenina y en su regreso de París.

Biografía

Clara Campoamor Rodríguez nació en el seno de una familia humilde en el barrio madrileño de Maravillas. Su padre, Manuel Campoamor Martínez fue contable en un periódico de Madrid y su madre, Pilar Rodríguez Martínez, era costurera.
Después de desempeñarse en varios oficios, entre ellos el de telefonista, entró a trabajar en el periódico maurista "La Tribuna" como secretaria del director, un puesto que le permitió conocer gente y donde comenzó a interesarse por la política. En 1920  se matriculó como estudiante en la escuela secundaria (que termina en dos años) y luego en la Facultad de Derecho, donde obtuvo un título en sólo dos años.




A los 36 años se convierte en una de las pocas abogadas españolas y de inmediato comienza a ejercer su profesión. Sus ideas sobre la igualdad de las mujeres la acercan al  PSOE  y escribe el prólogo del libro Feminismo Socialista de Maria Cambrils, dedicado a  Pablo Iglesias. Pero, nunca se incorporó al partido ni aceptó la colaboración de este con la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Creó la Asociación Liberal Socialista, pero la dejó cuando no pudo conseguir su definición republicana. Mantuvo una gran actividad como conferenciante en la Asociación Femenina Universitaria y en la Academia de Jurisprudencia, defendiendo siempre la igualdad de derechos de la mujer y la libertad política.
Trabajó con Martín Jara, amigo de Manuel Azaña  en el embrión de Acción Republicana, en cuyo Consejo Nacional figuró al principio. Pero, nunca logró su ideal estratégico: la unión de todos los republicanos y republicanas en un gran partido de centro con Azaña como delfín natural de    Alejandro Lerroux

                                                              Clara Campaoamor  abogada



Después de la rebelión de Ángel  García Hernandez  y   Fermín Galán en Jaca, y el proceso contra el Comité Revolucionario, Clara asumió la defensa de algunos de los implicados, entre ellos su hermano Ignacio.



Al proclamarse la Segunda República, Clara Campoamor fue elegida diputada - en 1931 las mujeres podían ser elegidas, pero no ser electoras- integrando las listas del Partido Radical, al que se había afiliado por proclamarse este "republicano, liberal, laico y democrático": su propio ideario político.
Formó parte de la Comisión Constitucional integrada por 21 diputados, y allí luchó eficazmente para establecer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal, a menudo llamado “voto femenino”. Consiguió todo, excepto lo relativo al voto, que tuvo que debatirse en el Parlamento. Y allí es donde Clara Campoamor ganó un lugar eterno en la memoria de la libertad en España.




La izquierda, con la excepción de un grupo de socialistas y algunos republicanos no querían que la mujer votase porque se suponía que esta estaba muy influenciada por la Iglesia y estaría a favor de la derecha. Por ello, el  Partido Radical Socialista   puso frente a Clara a otra reconocida diputada, Victoria Kent,    contraria al voto de las mujeres. El debate fue extraordinario y Campoamor fue superior. Pero, finalmente la aprobación se logró con el apoyo de la minoría de derechas, la mayoría del PSOE y algunos republicanos.



En 1933 no renovó su escaño, y en  1934  abandonó el Partido Radical por su subordinación a la CEDA   y los excesos en la represión de la insurrección revolucionaria en Asturias . Pero cuando ese mismo año, intentó (con la mediación de  Santiago Casares Quiroga)unirse a Izquierda Republicana  (fusión de radicalsocialistas, azañistas y galleguistas), su admisión fue denegada. 
Entonces escribió y publicó, en mayo de 1935, Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, un testimonio de sus luchas parlamentarias.
Al estallar la guerra civil se exilió y, en  1937, publicó en  París  La revolución española vista por una republicana.
Vivió una década en  Buenos Aires  y se ganó la vida traduciendo, dando conferencias y escribiendo biografías (Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo). Intentó regresar a España a fines de la década de 1940, pero se encontró con que estaba procesada por su pertenencia a una logia masónica.
En  1955 se inataló en Lausana (Suiza), y trabajó en un bufete hasta que perdió la vista. Murió de cáncer en abril de 1972.


                                           Moneda de euro con la imagén de Clara Campoamor

Otros datos

Tras la Transición se llevaron a cabo homenajes y reconocimientos que son valorados como escasos por organizaciones pro-igualdad de la mujer. Institutos, colegios, centros culturales, parques y calles recibieron su nombre. La Secretaría de Igualdad del PSOE instituyó los "Premios Clara Campoamor" que reconocen anualmente a aquellas personalidades o colectivos que se hayan significado en la defensa de la igualdad de la mujer.



Citas

  • Defendí en Cortes Constituyentes los derechos femeninos. Deber indeclinable de mujer que no puede traicionar a su sexo, si, como yo, se juzga capaz de actuación, a virtud de un sentimiento sencillo y de una idea clara que rechazan por igual: la hipótesis de constituir un ente excepcional, fenomenal; merecedor, por excepción entre las otras, de inmiscuirse en funciones privativas del varón, y el salvoconducto de la hetaira griega, a quien se perdonara cultura e intervención a cambio de mezclar el comercio del sexo con el espíritu
  • "(...)resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar , a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras". ("El voto femenino y yo". Editorial Horas.Madrid, 2006, pp 107)
  • República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos
  • Estoy tan alejada del fascismo como del comunismo. Soy liberal (La revolución española vista por una republicana, Ediciones Espuela de Plata, 2005, pp. 177-178)
  • (...)A mi pudiéronme cargarse todos los pecados políticos imaginarios de la mujer, y pasárseme todas las cuentas del menudo rencor. Lo que no espero ocurra es que se eleve una voz, una sola, de ese campo de la izquierda, de quien hube de sufrirlo todo, por ser el único que ideológicamente me interesa, y al que aún aislada sirvo ("El voto femenino y yo". Editorial Horas.Madrid, 2006, pp 264)
  • ... la división tan sencilla como falaz hecha por el gobierno entre fascistas y demócratas, para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad. La heterogénea composición de los grupos que constituyen cada uno de los bandos (...) demuestra que hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como anti demócratas en el bando gubernamental (La revolución española vista por una republicana, Ediciones Espuela de Plata, 2005, pp. 149)
  • ... la victoria total, completa, aplastante de un bando sobre el otro, cargará al vencedor con la responsabilidad de todos los errores cometidos y proporcionará al vencido la base de la futura propaganda, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras (La revolución española vista por una republicana, Ediciones Espuela de Plata, 2005, pp. 179)
  • Se torturaba a los acusados en las prisiones; se fusilaba a los presos sin formación de causa en los patios de los cuarteles y se cerraban los ojos a las persecuciones y atrocidades perpetradas por la policía durante aquellos dieciséis meses. Hubo sólo tres ejecuciones oficiales: ¡Cuánta clemencia! Pero hubo millares de presos y centenares de muertos, torturados y mutilados. ¡Execrable crueldad! He aquí el trágico balance de una represión, que, de haber sido severa, pero legal, limpia y justa en sus métodos, hubiera causado mucho menos daño al país. (Sobre la represión del levantamiento revolucionario de Asturias, en 1934)
  • " El 23 de febrero de 1935, me separé del partido radical, enviando a su jefe ( A. Lerroux) la siguiente carta, que la censura ahogó: (...)" "(...)no fui yo nunca un elemento de derecha, ni aún de centro derecha, en el partido. Cuando me designó usted para la dirección general de beneficencia, desarrollé en ella(...), un plan liberal radical y justo, que respondía en absoluto al espíritu y letra del programa del partido (...).Y esta conducta es, Sr. Lerroux, síntesis y reflejo de toda su actuación en su tercera etapa del gobierno. Las derechas españolas anticonstitucionales, enemigas resueltas de todo cuanto la república representara en su advenimiento, enemigas decididas del programa radical, letra a letra, no encuentran en Usted, ante mis ojos estupefactos, el menor dique, la más leve barrera. Más que colaborador, el partido radical ha descendido a ser el servidor de esas derechas(...)".("El voto femenino y yo". Editorial Horas.Madrid, 2006, pp 236).
  • "(..) Carecen de interés y de altura , porque aquí la tienen muy pocas cosas, las razones que me movieron a solicitar el ingreso en Izquierda Republicana, con preferencia de otro partido(...)Después de imponer infamantes acusaciones que sobre mi nefanda conducta personal y política se habían podido reunir en tres meses y pico de rebuscar(...), por 183 votos contra 68 se decidió rechazar mi admisión en Izquierda republicana." ("El voto femenino y yo". Editorial Horas.Madrid, 2006, pp 238-242). Sobre la denegación de ingreso en otro partido, tras abandonar en 1935 el Radical, por desacuerdos con su programa y la represión del levantamiento revolucionario de Asturias.
Para leer sus textos 



Obras escritas por Clara Campoamor

  • El derecho de la mujer en España (1931)
  • El voto femenino y yo: mi pecado mortal (1935)
  • La revolución española vista por una republicana. Editorial Librería Plon de París, 1937 Con prólogo de la traductora de la obra, Antoinette Quinche  
  • El pensamiento vivo de Concepción Arenal (1939)
  • Sor Juana Inés de la Cruz (1944)
  • Vida y obra de Quevedo (1945)

Bibliografía

         CAMPOAMOR, Clara(1936). El voto femenino y yo. Editorial Horas.Madrid, 2006.
  • CAMPOAMOR, Clara, La revolución española vista por una republicana, ed. y trad. de Luis Español Bouché, Sevilla, Espuela de Plata, 2005.
  • FAGOAGA, Concha y SAAVEDRA, Paloma, Clara Campoamor: la sufragista española, Madrid, 1981. Reeditada en 2006 con gran acopio de fotografías.
  • LAFUENTE, Isaías: La mujer olvidada, 2006. Libro de Isaías Lafuente que imagina una posible autobiografía de Clara Campoamor pero silencia todo lo que Clara escribió sobre los sucesos en Madrid durante 1936.
                                                        Clara  Campoamor diputada-1931


Discurso de Clara Campoamor en las Cortes el 1 de octubre de 1931


Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.
Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres?
¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?
¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?
Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis –fijaos bien– afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.
No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto –que en España existe– no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio –cosa dolorosa para un abogado–, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.
Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.
Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.
A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.
Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.
Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.
No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.
Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.
Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.


   
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